🐾 Protección animal en condominios: entre el amor y el ladrido

Vivir en condominio es como estar en una comedia coral: cada departamento tiene su propio guion, pero todos comparten el mismo escenario. Y cuando entran en escena los animales de compañía, la trama se vuelve aún más interesante. Porque sí, según la Ley de Protección y Bienestar Animal de la CDMX, los peludos tienen derechos… aunque el vecino del 402 insista en que “ese gato me juzga desde la ventana”.

La ley establece que los animales deben vivir en condiciones dignas, con espacio, alimento, atención médica y, por supuesto, amor. Pero también aclara que no deben afectar la tranquilidad ni la seguridad de los demás. Es decir: puedes tener un perro, pero no un concierto de ladridos a medianoche. Puedes tener un gato, pero no uno que se postule como alcalde del edificio y convoque asambleas desde el tinaco.

🐶 ¿Qué implica esto en la vida condominal?

  1. Tener mascota no es delito. Es un derecho, siempre que se respeten las normas de convivencia. Si tu perrito ladra cuando suena el timbre, está bien. Si ladra cada vez que alguien respira, quizá haya que revisar el entrenamiento… o el timbre.
  2. Las áreas comunes no son zoológicos. Aunque tu conejo sea adorable, no puede andar libre por el pasillo como si fuera embajador del reino animal. Las áreas comunes son para todos, incluidos los alérgicos, los nerviosos y los que creen que los gatos son agentes secretos.
  3. La limpieza es clave. Si tu mascota deja huella (literal), tú dejas trapeador. Nada genera más conflictos que una escalera con sorpresas orgánicas. La ley exige higiene, y el sentido común también.
  4. El ruido tiene límites. El canto del canario es poético. El ladrido del rottweiler durante tres horas es una ópera que nadie pidió. Si tu mascota es vocal, considera entrenamiento, paseos más largos o audífonos para los vecinos (aunque eso último no está en la ley).
  5. La seguridad importa. Si tu iguana se escapa y aparece en el elevador, no es aventura: es susto. Las mascotas deben estar bajo control, no en modo explorador urbano.

🐾 ¿Y si hay conflicto?

La ley contempla mecanismos de denuncia ante maltrato animal, pero también promueve la mediación vecinal. Antes de llamar a la autoridad, intenta hablar. A veces, el problema no es el perro… sino el humano que cree que “educación canina” es un mito.

En resumen, la protección animal en condominios es un acto de equilibrio: entre el amor por los peludos y el respeto por los vecinos. No se trata de elegir entre paz o mascotas, sino de lograr ambas. Porque sí, el gato del 302 puede tener carisma político, pero no debería decidir si se instala una fuente en el lobby.

Y recuerda: en el condominio, todos convivimos. Humanos, perros, gatos… y ese perico que repite “¡paga tu cuota!” con sospechosa precisión.

El Costo de lo Barato: Por qué malbaratar tus honorarios daña a todo el sector inmobiliario

Regalito sobre el nuevo año y nuevos costos🎄

​En el mundo de la administración de condominios en México, es común encontrarnos con propuestas económicas que parecen imposibles de rechazar para una Asamblea de Copropietarios. Sin embargo, como profesionales, debemos entender que el precio de nuestro servicio no es un número al azar; es el reflejo de la responsabilidad legal, financiera y social que cargamos.

​1. El Riesgo de la Administración «Low Cost»

​Cuando un administrador baja sus precios por debajo del punto de equilibrio operativo, el primer sacrificio es la calidad. Administrar un régimen de propiedad en condominio bajo la Ley de Propiedad en Condominio (ya sea de la CDMX, Edomex o cualquier estado) requiere:

  • ​Capacitación constante en temas fiscales.
  • ​Conocimiento técnico en mantenimiento preventivo.
  • ​Habilidades de mediación de conflictos.

Si cobras poco, no puedes invertir en las herramientas necesarias para proteger el patrimonio de tus clientes.

​2. El Daño Colateral: El Desprestigio del Gremio

​Como dice la imagen, cada vez que aceptamos un contrato por una cifra ridícula, le restamos valor a nuestros colegas. Creamos una falsa expectativa en los condóminos de que administrar una torre de 100 departamentos es una tarea sencilla que «cualquiera puede hacer en su tiempo libre».

​Esto genera un ciclo vicioso:

  1. ​El cliente paga poco.
  2. ​El administrador no puede dar el seguimiento adecuado.
  3. ​El condominio se deteriora.
  4. ​El cliente concluye que «todos los administradores son malos», dificultando que el siguiente profesional cobre lo justo.

​¿Cómo determinar cuánto vale tu trabajo?​

Para cobrar lo que realmente vale tu servicio, considera estos tres pilares:


– Conocimiento Certificaciones (conocer la NOM-247, certificaciones PROSOC, etc.).
– Responsabilidad El riesgo legal y fiscal que asumes al manejar fondos de terceros y representar legalmente al condominio.
– Estructura El software de administración, tu equipo de contabilidad y soporte técnico.

3. «Cobra lo que vale»: Un compromiso con la excelencia

​Cobrar lo justo no es un acto de avaricia, es un acto de ética profesional. Un administrador bien remunerado es un administrador que tiene el tiempo y los recursos para:

  • ​Realizar auditorías transparentes.
  • ​Atender emergencias a las 3:00 AM.
  • ​Negociar mejores precios con proveedores, ahorrándole al condominio más de lo que cuesta su propio honorario.

Nota para mis colegas: La próxima vez que presentes una cotización, no pidas disculpas por tu precio. Explica el valor que generas. Si un cliente solo busca el precio más bajo, probablemente no es el cliente que valorará tu talento.

​Conclusión

​La administración de condominios en México está evolucionando. Estamos pasando de ser «los que cobran el mantenimiento» a ser gestores de activos inmobiliarios. Para que esa transición sea exitosa, el primer paso es que nosotros mismos respetemos nuestro tiempo y conocimiento.

¿Te ha pasado que pierdes una cuenta ante una oferta ridículamente baja? Cuéntame tu experiencia en los comentarios.