El 31 de diciembre, mientras los vecinos preparan las uvas y el playlist de “Lo mejor del 2000 al 2025”, Don Ramiro, el administrador del condominio, se sienta en su oficina con una copa de sidra sin alcohol y una hoja titulada “Lista de deseos 2026”.
No es una lista cualquiera. Es una mezcla de esperanza, resignación y experiencia acumulada tras años de fugas, juntas eternas y vecinos que creen que “no tirar basura” es una sugerencia opcional.
1. Menos fugas y filtraciones de agua. Ramiro lo escribe cada año. Es su deseo número uno, número dos y número tres. En 2025 hubo 17 fugas, 3 simulacros de fuga y una que resultó ser solo una maceta mal regada. Este año, pide que el agua solo fluya por donde debe… y que los vecinos no usen el cuarto de bombas como sauna.
2. Vecinos puntuales en juntas. “Si la junta es a las 7, no es a las 7:40 con café en mano y ganas de debatir el color del buzón”, murmura mientras escribe. Su deseo: que lleguen a tiempo, que lean el orden del día y que no conviertan la reunión en una tertulia sobre el gato del 302.
3. Elevador sin averías. Ramiro ha subido más escaleras que un entrenador de gimnasio. En 2025, el elevador falló 12 veces, 3 de ellas durante la visita de la suegra de la presidenta del comité. Este año, desea que el elevador funcione… y que nadie lo bloquee con una bicicleta, una planta o una caja de aguacates.
4. Mejor convivencia. “Más abrazos, menos gritos por el volumen de la televisión”, escribe con letra firme. Sueña con un condominio donde los vecinos se saluden, compartan recetas y no se lancen indirectas pasivo-agresivas en el grupo de WhatsApp.
5. Que el jardín comunitario reviva. En 2025, el jardín fue invadido por una colonia de gatos, una fiesta infantil y una vecina que lo convirtió en huerto personal. Ramiro desea que en 2026 florezca… y que nadie plante cilantro sin permiso.
A las 11:59 p.m., Ramiro se une al brindis en el patio. Lleva su gorra de “Administrador en funciones” y un gorro festivo con luces intermitentes. Levanta su copa y dice: “Que este año tengamos menos fugas, más risas y que el elevador no nos abandone en el quinto piso.”
Los vecinos aplauden, alguien lanza confeti, y el gato del 302 se trepa al árbol de Navidad. Ramiro sonríe. Porque aunque el condominio es un caos organizado, es su caos. Y cada año, entre fugas y juntas, encuentra razones para seguir creyendo en la magia de la convivencia.
Obvio es fantasía pasen año nuevo con sus familias!! Feliz y prospero año 2026!

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