🛠️ Mantenimiento preventivo: porque el edificio no se arregla con rezos

Hay dos tipos de edificios: los que hacen mantenimiento preventivo… y los que esperan a que el techo se convierta en cascada para actuar. En el segundo grupo, los rezos, las promesas y los “ya casi lo arreglan” abundan. Pero el agua no espera, el elevador tampoco, y las tuberías tienen una agenda propia.

El mantenimiento preventivo no es glamoroso. No se inaugura con listón ni se presume en redes. Pero es lo que evita que el elevador se convierta en cápsula del tiempo, que el pasillo huela a humedad ancestral y que el administrador tenga que explicar por qué hay hongos decorativos en el cuarto de bombas.

¿Qué es el mantenimiento preventivo?

Es revisar, limpiar, ajustar y reparar antes de que algo falle. Es como llevar el coche al taller antes de que se quede tirado… pero aplicado a techos, cisternas, bombas, cableado, pintura, elevadores y áreas comunes. Es invertir un poco hoy para no gastar el triple mañana.

¿Por qué es importante?

  • Evita emergencias costosas. Una fuga detectada a tiempo cuesta menos que una inundación con daños estructurales.
  • Mejora la seguridad. Un elevador revisado no se detiene entre pisos. Un sistema eléctrico mantenido no provoca apagones ni sustos.
  • Preserva el valor del inmueble. Un edificio bien cuidado no solo se ve mejor, también vale más. Y sí, los compradores lo notan.
  • Reduce conflictos vecinales. Menos fallas = menos quejas = menos discusiones en la junta.

¿Qué incluye un buen cronograma?

Aquí va un ejemplo básico, adaptable según el tamaño y antigüedad del edificio:

  • Diario: limpieza de áreas comunes, revisión de luces, verificación de bombas y cisternas, niveles de gas y agua.
  • Mensual: diagnóstico general, revisión del elevador, actualización de normas y presupuesto ejercido.
  • Trimestral: inspección de techos, pintura de zonas clave, revisión estructural.
  • Anual: limpieza profunda de tinacos, mantenimiento eléctrico, poda de jardines.

¿Y el toque de humor?

Porque sí, hay que reírse un poco. El mantenimiento preventivo también evita que:

  • El elevador se convierta en cápsula del tiempo (“¿Este botón dice ‘1987’?”).
  • El techo se vuelva fuente decorativa (“¿Eso es una gotera o una instalación artística?”).
  • El jardín se transforme en selva urbana (“¿Quién plantó plátanos en el pasillo?”).
  • El buzón de sugerencias se llene de reclamos tipo “¡Arreglen el universo ya!”

🐾 Protección animal en condominios: entre el amor y el ladrido

Vivir en condominio es como estar en una comedia coral: cada departamento tiene su propio guion, pero todos comparten el mismo escenario. Y cuando entran en escena los animales de compañía, la trama se vuelve aún más interesante. Porque sí, según la Ley de Protección y Bienestar Animal de la CDMX, los peludos tienen derechos… aunque el vecino del 402 insista en que “ese gato me juzga desde la ventana”.

La ley establece que los animales deben vivir en condiciones dignas, con espacio, alimento, atención médica y, por supuesto, amor. Pero también aclara que no deben afectar la tranquilidad ni la seguridad de los demás. Es decir: puedes tener un perro, pero no un concierto de ladridos a medianoche. Puedes tener un gato, pero no uno que se postule como alcalde del edificio y convoque asambleas desde el tinaco.

🐶 ¿Qué implica esto en la vida condominal?

  1. Tener mascota no es delito. Es un derecho, siempre que se respeten las normas de convivencia. Si tu perrito ladra cuando suena el timbre, está bien. Si ladra cada vez que alguien respira, quizá haya que revisar el entrenamiento… o el timbre.
  2. Las áreas comunes no son zoológicos. Aunque tu conejo sea adorable, no puede andar libre por el pasillo como si fuera embajador del reino animal. Las áreas comunes son para todos, incluidos los alérgicos, los nerviosos y los que creen que los gatos son agentes secretos.
  3. La limpieza es clave. Si tu mascota deja huella (literal), tú dejas trapeador. Nada genera más conflictos que una escalera con sorpresas orgánicas. La ley exige higiene, y el sentido común también.
  4. El ruido tiene límites. El canto del canario es poético. El ladrido del rottweiler durante tres horas es una ópera que nadie pidió. Si tu mascota es vocal, considera entrenamiento, paseos más largos o audífonos para los vecinos (aunque eso último no está en la ley).
  5. La seguridad importa. Si tu iguana se escapa y aparece en el elevador, no es aventura: es susto. Las mascotas deben estar bajo control, no en modo explorador urbano.

🐾 ¿Y si hay conflicto?

La ley contempla mecanismos de denuncia ante maltrato animal, pero también promueve la mediación vecinal. Antes de llamar a la autoridad, intenta hablar. A veces, el problema no es el perro… sino el humano que cree que “educación canina” es un mito.

En resumen, la protección animal en condominios es un acto de equilibrio: entre el amor por los peludos y el respeto por los vecinos. No se trata de elegir entre paz o mascotas, sino de lograr ambas. Porque sí, el gato del 302 puede tener carisma político, pero no debería decidir si se instala una fuente en el lobby.

Y recuerda: en el condominio, todos convivimos. Humanos, perros, gatos… y ese perico que repite “¡paga tu cuota!” con sospechosa precisión.