En cada condominio hay un grupo de valientes que, sin capa ni sueldo, se lanza al ruedo de la administración vecinal. Son los miembros del comité: héroes anónimos que deciden sobre jardineras, presupuesto, y si el portero merece una silla con respaldo. O, según algunos vecinos, un grupo de WhatsApp con poder absoluto y emojis autoritarios.
🌿 La guerra de las jardineras
Todo comienza con una propuesta inocente: “¿Y si ponemos plantas en el pasillo?” Lo que sigue es una batalla campal entre los amantes del ficus, los defensores del cactus y los que creen que cualquier planta es una amenaza al feng shui. El comité escucha, debate, y al final aprueba una maceta que nadie riega pero todos critican.
💰 Presupuesto: el arte de dividir sin herir
Administrar el presupuesto es como hacer magia con una calculadora rota. Hay que decidir entre impermeabilizar el techo o cambiar el foco del sótano que parpadea como discoteca. El comité revisa cotizaciones, consulta expertos (a veces el primo de alguien), y presenta un Excel que genera más suspenso que una novela de Agatha Christie.
🪑 El dilema de la silla del portero
¿Debe el portero tener una silla? ¿Con respaldo? ¿Con ruedas? ¿De oficina o de plástico? Este debate ha dividido comunidades enteras. Algunos argumentan que una silla cómoda fomenta la vigilancia pasiva; otros temen que se convierta en trono de la holgazanería. El comité, con diplomacia digna de la ONU, aprueba una silla “ergonómica pero firme”, que nadie sabe bien qué significa.
📱 El comité y su WhatsApp
Ah, el grupo de WhatsApp. Ese espacio donde se decide el destino del edificio entre stickers, memes y mensajes a las 6:30 a.m. El comité lo usa para coordinar, informar y, a veces, para recordar que “la basura no se deja en el pasillo, por favor”. Pero también es donde surgen rumores, alianzas y la famosa frase: “Esto se verá en la próxima reunión”.
🧠 ¿Héroes o villanos?
Ser parte del comité es aceptar que te criticarán por todo: por gastar, por no gastar, por cambiar el foco, por no cambiarlo. Es recibir quejas por el ruido, el perro, el vecino que fuma en el balcón y el niño que juega fútbol con una sandía. Pero también es construir comunidad, resolver conflictos y evitar que el edificio se convierta en zona de guerra.
Conclusión: Los comités condominales no son perfectos, pero son necesarios. Son el pegamento que mantiene unido el caos vecinal. Así que la próxima vez que veas a un miembro del comité, no lo juzgues por la maceta mal ubicada. Agradécele por intentar que todos vivamos en paz… incluso si eso incluye una silla para el portero y un cactus en el pasillo.

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