🧠 Mentiras que nos creemos en la administración condominal

Y otras fantasías que deberían venir con cláusula de advertencia

En el mundo condominal mexicano, hay frases que se repiten más que el “buenos días” en el elevador. Suenan bien, tranquilizan al vecino promedio y hasta parecen tener lógica… hasta que el abogado dice “eso no aplica” y el contador entra en pánico.

¿Ejemplos? Aquí van tres clásicos:

  • “Eso lo paga el fondo de reserva.”
  • “El administrador puede decidir.”
  • “Si no hay acta, no importa.”

Estas frases tienen el mismo nivel de veracidad que “el SAT no revisa condominios” o “el reglamento se interpreta según el humor del Comité”. Y aunque provocan risas nerviosas, también generan confusión operativa, riesgos jurídicos y dramas que ni Netflix se atrevería a producir.

Vamos por partes:

1. “Eso lo paga el fondo de reserva”

El fondo de reserva no es una tarjeta sin límite. Tiene usos específicos: emergencias, mantenimiento mayor, contingencias. No sirve para pagar la fiesta del Día de Muertos ni para comprar cámaras de seguridad sin aprobación. Usarlo sin respaldo puede generar sanciones, conflictos y hasta auditorías que duelen más que el aumento de cuota.

2. “El administrador puede decidir”

El administrador no es emperador. No puede autorizar obras, cambiar proveedores ni modificar reglamentos por inspiración divina. Su función es ejecutar lo que la Asamblea aprueba. Si decide por cuenta propia, puede terminar en conflicto legal, con renuncia forzada… o con memes en el grupo de WhatsApp.

3. “Si no hay acta, no importa”

Las actas no son decoración. Son documentos jurídicos que validan acuerdos, protegen decisiones y permiten trazabilidad. Sin acta, no hay respaldo. Y sin respaldo, todo puede ser impugnado, cuestionado o simplemente ignorado. Es como decir “sí hubo boda, pero no hay fotos ni testigos”.

Estas mentiras operativas se repiten por desconocimiento, por costumbre… o por comodidad. Pero en la administración condominal, la verdad sí importa. Porque educar es proteger, y profesionalizar es blindar.

¿Qué hacer?

  • Implementar formatos institucionales: actas, minutas, reportes, fichas técnicas.
  • Capacitar al Comité y al administrador en gobernanza, legalidad y trazabilidad.
  • Promover educación gremial con cápsulas, guías y simuladores de decisiones.

Porque el condominio no es una novela de ficción. Es una comunidad con derechos, obligaciones y reglas que deben cumplirse. Y si vamos a improvisar, que sea en la posada… no en el presupuesto.

Así que la próxima vez que alguien diga “eso lo paga el fondo de reserva”, respira, sonríe… y saca el reglamento. Porque en la administración condominal, la fantasía cuesta. Y la minuta, también.

Reuniones del consejo o comité: ¿mesa directiva o mesa de terapia?

Las reuniones del Comité deberían ser estratégicas. Presupuesto, mantenimiento, reglamento interno, revisión de proveedores. Pero a los 15 minutos ya estamos hablando del vecino que no saluda, del perro que ladra y del drama del estacionamiento que lleva tres asambleas sin solución… y sin freno.

Lo que comenzó como una sesión de gobernanza se transforma en mesa de terapia grupal. Hay catarsis, hay lágrimas, hay quien trae su propio té de tila. Y el administrador, que llegó con su Excel y su minuta, ahora toma notas como si fuera terapeuta de reality show.

¿Gobernanza o catarsis? Depende del formato. Porque sí, se puede evitar que la reunión del Comité se convierta en mesa de café con quejas y galletas (aunque si ya va a pasar, que al menos las galletas sean de avena con chispas).

Aquí van tres claves para evitar que el Comité se convierta en grupo de autoayuda:

1. Agenda clara con tiempos definidos

Nada de “vamos viendo qué surge”. La reunión debe tener estructura: puntos a tratar, tiempo estimado por tema y orden lógico. Si el punto 3 es “revisión de presupuesto” y el punto 4 es “quejas sobre el vecino del 302”, que no se inviertan. Porque el presupuesto no se resuelve con indirectas ni con memes.

2. Roles asignados: moderador, secretario, responsable de seguimiento

El moderador no es el que grita más fuerte ni el que trae más papeles. Es quien guía la reunión, evita desvíos y canaliza emociones hacia acuerdos. El secretario toma nota (no selfies), y el responsable de seguimiento asegura que lo acordado no se quede en el limbo de “lo vemos en la próxima”.

3. Minutas oficiales con acuerdos trazables

Porque si no está escrito, no existe. Y si existe pero nadie lo firma, tampoco. La minuta debe incluir acuerdos, responsables, fechas y mecanismos de validación. Nada de “se acordó que alguien verá lo del portón”. ¿Quién es “alguien”? ¿Cuándo lo verá? ¿Con qué presupuesto? ¿Y por qué sigue abierto?

Las reuniones del Comité no deben ser espacios para desahogo emocional (aunque a veces lo parezcan). Son instancias de decisión, planeación y control gremial. Y si se convierten en mesa de café, que al menos sirvan galletas… y que alguien tome nota de quién las trajo, porque eso también genera conflicto.

En resumen: el condominio no necesita terapia grupal. Necesita decisiones claras, trazables y ejecutables. Porque gobernar entre quejas y anécdotas es como administrar con horóscopos: entretenido, pero poco efectivo.

Y recuerda: si el Comité se convierte en mesa de terapia, que al menos haya moderador, minuta… y galletas. Porque el drama es inevitable, pero el desorden no tiene por qué ser parte del reglamento.