Inclusión Experiencia Propia

Mi experiencia con la inclusión para personas discapacitadas comenzó el 14 de octubre, cuando tuve un accidente caminando por las calles de la Ciudad de México. Al llegar al hospital, resultó que mi fractura era limpia sin desplazamiento y me mandaron a casa para que se desinflamara y en una semana ponerme un yeso. Sin embargo, al cumplir la semana, resultó que mi fractura se había desplazado por lo que tuvieron que reacomodármela y al final sí programarme para una operación que se llevó a cabo el 24 de octubre.

Para esto yo ya tenía planes para viajar a Colombia al evento de Cigsa en Bogotá, ya había comprado mis boletos y ya habían pagado el hospedaje, ya que viajaba mis dos amigas (Gracias Anita y Marisol) y Arturo que llego antes, también ¡gracias! Todo planeado antes de mi accidente. Acepté sin problemas la operación, ya que a la larga era mejor porque las aerolíneas no te dejan viajar con yeso, pero sí con una férula. Me operaron, me dieron de alta al segundo día y, pues, a descansar. A los 15 días me quitaron los puntos y al siguiente día viajaba a Colombia.

Aquí es donde empieza toda esta experiencia de ser una persona con una discapacidad temporal, lo cual me dio la oportunidad de ver lo que experimentan las personas que tienen una incapacidad, también temporal o permanente. Y la verdad es que es bien complicado andar por la vida de esta manera, porque vives la indiferencia, poca o nula empatía a veces hasta la burla de compañeros, bastante triste, por cierto.

Hay personas que no saben cómo tratarte, se siente básicamente, que eres una molestia porque los lugares y las personas no están capacitadas para poder hacerte la vida más funcional. Empezamos desde que llegué al aeropuerto con muleta, tenía una muleta de rodilla que me permitía tener las manos libres y ser un poquito más autónoma, cosa que agradezco mucho porque las muletas, para mí, son un peligro, nunca las aprendí a usar y, pues, realmente son peligrosas si el piso no está parejo o está un poco mojado por esas personas que a veces tiran agua o escupen en la calle, o cosas que, bueno, ya saben.

Gracias a esta muleta, me hacía llegar más rápido o fácil al mostrador y ahí dejé mi maleta para documentar y llegaron por mí en la silla de ruedas. Yo creo que es la mejor parte de todas, porque con la silla de ruedas, no tienes que esperar mucho, tienes preferencia tanto tú como tus acompañantes y llevas preferencia de pasar primero por todos los filtros, entonces, digamos que esta es una muy buena ventaja.

Al llegar a Bogotá, nos llevaron a Airbnb que, desafortunadamente, tenía algunas escaleras. Yo todavía estaba aprendiendo a usar esa muleta, me sentía como un bebé aprendiendo a caminar. Sí me costó un poquito las escaleras, porque ya después de rato, también duele la rodilla y te cansas mucho, entonces estaba insegura, esa sería la palabra.

Al otro día, el día del evento, afortunadamente, me prestaron una silla de ruedas en el lugar donde fue y, pues, era mucho más fácil poderme mover, aunque de todos modos necesitaba que alguien me ayudara a llevar las sillas de ruedas, cosa que no es tampoco sencillo, porque las rampas a veces están muy empinadas o al pasar una rampa en la parte de enfrente ya no había rampa, entonces había que rodear o levantar la silla.

Había un centro comercial que no tenía accesos para sillas de ruedas, ni elevador, tuvimos que irnos a otro. Había carros estacionados en las rampas de acceso en la calle, pues, si vas por afuera debajo de la banqueta es peligro para la persona que va la silla de ruedas, pero también la persona que va empujando.

Pude experimentar algo muy curioso que ya también lo hablé con psicólogos que es cómo se comporta la gente ante una persona con una discapacidad ya me había tocado verlo desde afuera, que los hacen a un lado porque piensan que no pueden participar activamente en las dinámicas, en mi caso yo me podía levantar, podía ponerme la muleta y  poder participar, de hecho el último día hasta bailé con muleta, ósea que si hay una manera en que uno puede participar, pero yo veía a la gente incómoda algunas personas no sabían cómo tratarme, de repente volteaba y ya se habían ido, porque creo que no están acostumbradas a avisar o a preguntar si tú necesitabas algo.

A veces no quería parame por el miedo de que me fueran a empujar o me fueran a pegar en el pie, en otras hasta agredida cuando quise saludar a la embajadora de México en Colombia y me empujaron para quitarme, fue un momento muy tenso y en la noche vi que sangré un poco de la herida, lo bueno es que teníamos un centro de operaciones en el mismo lugar donde podía descansar, (Gracias Carola y Mery)

Y bueno me pongo a pensar realmente en que uno da por hecho a veces que siempre va a estar bien, como les comento mi discapacidad fue temporal y voy a estar bien voy a volver a caminar como siempre, pero es importante reflexionar en las personas que es su forma de vivir, porque psicológicamente estás mal, te sientes mal porque no te puedes valer por ti mismo, porque necesitas que otras personas te cuiden.

Pero sobre todo que no estás libre de que te pueda pasar algo similar, porque todos en algún momento nos puede cambiar la vida de un momento a otro, ojalá nunca te pase ojalá y empieces a ver a las personas que tienen alguna discapacidad y que las trates como un igual y que seas un poco empático y que no las discrimines

 Ojalá también las autoridades un solo día de su vida puedan subirse una silla de ruedas o muletas y vean lo complicado que querer ser funcional y ver tantas trabas.

Afortunada o desafortunadamente yo ya había pasado por esto y sentí que iba a salir mucho más rápido y quise pensar que este accidente no debía arruinar mis planes y ahora que ya estoy descansando y ya empecé a caminar de nuevo, estoy retomando mi vida normal, pero sí me quedé con esta espinita clavada que tenía que sacar, ahora que pude conocer más cómo viven las personas que creo que al igual que yo sienten ese rechazo o esa incomodidad de que no te quieren ni mirar porque a lo mejor no te quieren preguntar qué te pasó o no saben cómo hablarte, pero las otras personas sin pizca de empatía, empujarte o burlarse pues no me queda más que decir, la vida da muchas vueltas y ojalá no lo tengan que vivir, en fin solo quería dejar esta vivencia de lo que marco el 2024. Feliz 2025 desando que todos estén sanos y felices y que no nos falte nadie!

Cuando parece que todo va mal

Hoy éste post será un poco diferente a lo he venido escribiendo y tiene un tono más personal, he tenido muchas señales de que debo de escribir sobre esto o voy a explotar.

Siempre he sido de la idea de crear comunidades, imagínense si todos los días fuéramos tan solidarios como cuando hay una desgracia, si día con día hiciéramos lo imposible por mejorar el día de una persona, si nos acercáramos a preguntar si está bien alguien que está llorando sola en la calle. Si tuviéramos la empatía a flor de piel, como cuando sucedió el pasado temblor, que nos desbordamos en ayuda para el prójimo, si pusiéramos nuestro grano de arena, tal vez no para cambiar el mundo, ni el país, pero si nuestra comunidad, nuestra familia, lo que está en nuestras manos, ¿qué no sería de este hermoso país?

Crear comunidad, ese debe de ser el objetivo de un administrador y defenderé ese punto hasta más no poder, el mundo ya está muy lleno de peleas, de apatía, de juicios y demandas, echar pleito es mucho más fácil que resolverlo, lo nuestro es más humano que administrativo, legal y contable.

¿Por qué toda esta introducción?

Porque los administradores tenemos también problemas familiares, hijos, padres y a los condóminos a veces se les olvida, muchas veces damos mucho más de lo que tenemos o podemos dar, ese es nuestro error, pero lo hacemos para que ellos estén bien “para que no se quejen” poniéndonos muchas veces en peligro sin pensarlo, dejando nuestros propios intereses, familia, amigos, diversión, etc. Y aun así sentimos que nunca es suficiente, nunca están felices.

Pero es un reto y nos gusta tanto que todo funcione como un reloj, que no tomamos conciencia de lo que estamos perdiendo en el trayecto, ¿y ahora me pregunto, vale la pena?

Hace 5 años tuve un dolor en la parte inferior derecha del abdomen, pero tenía un problema muy grande que resolver en un condominio así que todo el día estuve subiendo y bajando escaleras por la noche terminé en urgencias por el dolor, estuve a punto de tener peritonitis, aún en el hospital me llamaban los condóminos y no para preguntar por mi salud, obviamente.

Desde hace tres años deje de administrar y desde hace uno me dedique solo a consultoría hasta que pasó…

El 30 de mayo mi padre inicio un tratamiento de 37 radioterapias por cáncer de próstata, un cáncer agresivo, yo quería ayudar, estar ahí, lo que más le preocupaba al irse eran sus 5 perritos Lili, una perrita que traje de Michoacán de unos 10 años, Flon también de 10 años mi papá la adoptó de una veterinaria, fue amor  a primera vista, Mini y Vani por siempre las consentidas, pero más Mini que se sube al hombro de mi papá como loro a un pirata, son hijas de Flon que nacieron en la casa, mi mamá las ayudo a nacer, y Tango el más pequeño y único que no es Chihuahueño, aman a mi papá como solo un perro sabe hacerlo,  mi papá tenía que irse a otro  estado de la república a tomar los tratamientos.

Decidí irme mes y medio a estar en su casa, cuidar a sus perros y atender el negocio de mi mamá, justo el 3 de junio que iba por las llaves y a dejar todo listo, sufrí una caída que terminó siendo fractura de peroné, tibia y ligamento deltoideo, ya no pude ayudar, tampoco pude ver a mi papá en todo su tratamiento, nos escribíamos cuando podía tener el celular en el cuarto del hospital, me decía que estaba muy cansado y que ya no quería seguir, mi corazón se rompía cada vez, nunca creí escuchar a mi papá, mi héroe, mi fortaleza, derrumbarse de esa manera, cada día le escribía, “Papi, solo por hoy, un día a la vez, solo será un mal año, tienes que repartir tus chocolates”

Mi papá termino su tratamiento, el 25 de julio era la última cita con el doctor, Vani murió, un día antes.

Ya estando en su casa, por fin pudimos vernos, fue una travesía de casi dos horas y en silla de ruedas, comimos juntos, reímos mucho, yo soy la menor de tres hermanas y soy la más parecida a mi papá, los dos tenemos una relación algo especial.

Estando ahí me contaron que el último día de tratamiento de los pacientes oncológicos reparten chocolates a los demás pacientes y todos lo despiden, mi papá dio unas medallas de chocolate a todos los pacientes, el técnico salió a informar que ese día terminaba el tratamiento una persona muy especial pues siempre fue con la mejor actitud, haciendo bromas, sonriendo, tratando siempre de no dejarse caer y hacer sentir bien a los demás, ese es mi papá.

Al segundo día de estar mi papá ya en casa Mini murió, simplemente dejaron de comer, no estaban enfermas, las llevaron al veterinario y solo estaban estresadas, básicamente, murieron de tristeza. Flon y Lili también siguen mal.

Hoy a dos meses de que pasó todo esto, mi papá está recuperando fuerzas y ya regresó a su trabajo, el próximo mes tendremos noticias si el cáncer se fue, yo sigo sin poder caminar, aún tengo un clavo que espero me quiten el 29 de éste mes.

En fin, la vida puede cambiar de un día para el otro, en un segundo, tal vez estamos pasando por situaciones muy difíciles, pero hoy estamos vivos y solo por eso hay esperanza y debemos estar agradecidos, de que solo por hoy podemos decir “te amo”, abrazar, sonreír, mañana quien sabe.

Y justo nos daremos cuenta que vivir en conflicto no vale la pena, si no te gusta tú trabajo, renuncia, si no te gusta la persona con la que estás, déjala, si no te gusta tú situación, cambia, pero por favor, sé feliz la mayor parte del día.

Debemos trabajar dejando huella, dejar en mejores condiciones los lugares en los que estamos, dejar una semilla en cada persona que conocemos, ser recordados con cariño, al menos esa es mi meta en la vida. No es fácil y seguro no llevo ni el 5% logrado, pero esa es la motivación que me llevó a empezar de nuevo a administrar.

Así que sí, sí vale la pena cuando hay motivación.