El condómino que todo lo sabe (y nada paga)

En cada condominio hay uno. O varios. Ese personaje que, sin haber leído el reglamento ni pagado la cuota de mantenimiento en los últimos seis meses, se presenta como la máxima autoridad moral del edificio. Su currículum vecinal incluye frases como: “Yo fui fundador del condominio”, “Tengo más metros, tengo más voz” y “Yo estuve cuando se eligió al primer administrador, allá por el 2003”. Y aunque su memoria es selectiva, su seguridad es absoluta.

Este tipo de condómino suele aparecer en asambleas con tono épico. No importa si el tema es el cambio de luminarias o el presupuesto para impermeabilización, él (o ella) tiene una anécdota, una opinión y, por supuesto, una objeción. Lo curioso es que rara vez trae recibos pagados, pero siempre trae argumentos.

🧱 Mito 1: “Yo fui fundador del condominio”

Ser pionero en la compra de un departamento no otorga poderes especiales. No hay cláusula en la Ley de Propiedad en Condominio que diga: “El primer comprador podrá vetar decisiones, ignorar cuotas o estacionarse donde le plazca”. La historia es valiosa, sí, pero no sustituye el reglamento. Y aunque el respeto a los mayores es importante, el respeto al presupuesto lo es aún más.

📏 Mito 2: “Tengo más metros, tengo más voz”

Este clásico argumento de condóminos con penthouse o departamentos de doble altura suele surgir cuando hay votaciones. “Yo tengo 180 m², mi voto vale más que el del de 60 m²”, dicen con tono aristocrático. Pero la ley es clara: cada condómino tiene voz y voto. Y entonces también tiene proporcionalidad en el pago de mantenimiento, lo cual suele olvidarse convenientemente.

🧾 Mito 3: “Yo ya pagué con mi experiencia”

Algunos condóminos consideran que su participación en comités pasados, su amistad con el arquitecto del proyecto o su habilidad para detectar fugas les exime de pagar cuotas. “Yo ya aporté mucho”, dicen, mientras el elevador sigue sin mantenimiento. Pero la administración condominal no acepta pagos en especie ni en ego. La única experiencia que cuenta es la que se traduce en recibos pagados y participación activa.

⚖️ Realidad: El reglamento no discrimina por antigüedad ni por carisma

La Ley de Propiedad en Condominio y los reglamentos internos son documentos democráticos. No premian la elocuencia ni castigan el silencio. Establecen obligaciones claras: pagar cuotas, respetar acuerdos, participar en asambleas. Y aunque el condómino sabio puede aportar ideas valiosas, no puede imponer decisiones ni evadir responsabilidades.

🧹 Cierre: La sabiduría no exime del mantenimiento

En resumen, tener buena memoria, muchos metros o una historia épica no sustituye el cumplimiento de obligaciones. El condominio es una comunidad, no una monarquía. Y aunque todos valoramos la experiencia, lo que realmente mantiene el edificio en pie son las cuotas pagadas, las decisiones colectivas y el respeto al reglamento.

Así que, querido condómino sabio: gracias por tu legado, tus anécdotas y tu entusiasmo. Pero por favor… paga tu cuota. Porque la sabiduría no exime del mantenimiento.

🧠 Mentiras que nos creemos en la administración condominal

Y otras fantasías que deberían venir con cláusula de advertencia

En el mundo condominal mexicano, hay frases que se repiten más que el “buenos días” en el elevador. Suenan bien, tranquilizan al vecino promedio y hasta parecen tener lógica… hasta que el abogado dice “eso no aplica” y el contador entra en pánico.

¿Ejemplos? Aquí van tres clásicos:

  • “Eso lo paga el fondo de reserva.”
  • “El administrador puede decidir.”
  • “Si no hay acta, no importa.”

Estas frases tienen el mismo nivel de veracidad que “el SAT no revisa condominios” o “el reglamento se interpreta según el humor del Comité”. Y aunque provocan risas nerviosas, también generan confusión operativa, riesgos jurídicos y dramas que ni Netflix se atrevería a producir.

Vamos por partes:

1. “Eso lo paga el fondo de reserva”

El fondo de reserva no es una tarjeta sin límite. Tiene usos específicos: emergencias, mantenimiento mayor, contingencias. No sirve para pagar la fiesta del Día de Muertos ni para comprar cámaras de seguridad sin aprobación. Usarlo sin respaldo puede generar sanciones, conflictos y hasta auditorías que duelen más que el aumento de cuota.

2. “El administrador puede decidir”

El administrador no es emperador. No puede autorizar obras, cambiar proveedores ni modificar reglamentos por inspiración divina. Su función es ejecutar lo que la Asamblea aprueba. Si decide por cuenta propia, puede terminar en conflicto legal, con renuncia forzada… o con memes en el grupo de WhatsApp.

3. “Si no hay acta, no importa”

Las actas no son decoración. Son documentos jurídicos que validan acuerdos, protegen decisiones y permiten trazabilidad. Sin acta, no hay respaldo. Y sin respaldo, todo puede ser impugnado, cuestionado o simplemente ignorado. Es como decir “sí hubo boda, pero no hay fotos ni testigos”.

Estas mentiras operativas se repiten por desconocimiento, por costumbre… o por comodidad. Pero en la administración condominal, la verdad sí importa. Porque educar es proteger, y profesionalizar es blindar.

¿Qué hacer?

  • Implementar formatos institucionales: actas, minutas, reportes, fichas técnicas.
  • Capacitar al Comité y al administrador en gobernanza, legalidad y trazabilidad.
  • Promover educación gremial con cápsulas, guías y simuladores de decisiones.

Porque el condominio no es una novela de ficción. Es una comunidad con derechos, obligaciones y reglas que deben cumplirse. Y si vamos a improvisar, que sea en la posada… no en el presupuesto.

Así que la próxima vez que alguien diga “eso lo paga el fondo de reserva”, respira, sonríe… y saca el reglamento. Porque en la administración condominal, la fantasía cuesta. Y la minuta, también.