La limpieza en un condominio no es solo cuestión de escobas y trapeadores. Es una danza delicada entre higiene, convivencia y diplomacia vecinal. Porque sí, barrer el pasillo es fácil… hasta que aparece el pelo del perro del 302, la maceta rota del 204 y el misterioso chicle que lleva ahí desde el sexenio pasado.
Todo comienza con la pregunta eterna: ¿quién limpia qué? El reglamento dice que las áreas comunes son responsabilidad del personal de mantenimiento. Pero el drama empieza cuando alguien decide que “el pasillo frente a mi puerta no es común, es mío”. Y ahí empieza la guerra silenciosa de trapeadores.
Luego está el cuarto de basura. Ese espacio que debería ser funcional, ordenado y sin aroma… pero que a veces parece zona arqueológica. Bolsas mal cerradas, cajas que no caben en ningún contenedor, y ese vecino que cree que “orgánico” incluye su colección de plantas muertas. La ley no lo prohíbe, pero el olfato sí.
Y no olvidemos los elevadores. Esos pequeños cubículos donde se concentra el polvo, el perfume, el pelo de mascota y, ocasionalmente, una hoja de lechuga que nadie sabe cómo llegó ahí. ¿Quién limpia el elevador? ¿Cada cuánto? ¿Y por qué siempre huele a mezcla de cloro y misterio?
La limpieza también tiene su lado emocional. Porque cuando alguien barre el pasillo sin que se lo pidan, se convierte en héroe silencioso. Pero si lo hace con cara de “yo sí soy decente”, se convierte en juez vecinal. Todo depende del tono del trapeador.
Y luego están los letreros. “Mantenga limpio”, “No tire basura”, “No escupa” (¿quién escupe en 2025?). Algunos son tan agresivos que parecen amenazas, otros tan pasivos que parecen escritos por un terapeuta. El equilibrio está en el cartel que dice “Gracias por mantener limpio” con una carita feliz… pero sin sarcasmo.
¿Soluciones? Claro:
- 🧼 Capacitación al personal de limpieza. Porque saber usar cloro no es lo mismo que saber cuándo usarlo.
- 🐕 Campañas de conciencia sobre mascotas. El pelo no se barre solo, y el dueño tampoco.
- 🗑️ Reorganización del cuarto de basura. Con señalización, horarios y, si es posible, un guardia ninja que impida el ingreso de muebles viejos.
- 📅 Calendario de limpieza comunitaria. Una vez al mes, todos con escoba en mano. No por obligación, sino por convivencia. Y sí, puede incluir café y chisme.
En resumen, la limpieza en condominios es más que quitar polvo: es evitar que los problemas se acumulen como pelusa detrás del refrigerador. Con humor, organización y un poco de cloro, se puede lograr que el edificio brille… sin que nadie se resbale en el intento.

Debe estar conectado para enviar un comentario.