Hay dos tipos de edificios: los que hacen mantenimiento preventivo… y los que esperan a que el techo se convierta en cascada para actuar. En el segundo grupo, los rezos, las promesas y los “ya casi lo arreglan” abundan. Pero el agua no espera, el elevador tampoco, y las tuberías tienen una agenda propia.
El mantenimiento preventivo no es glamoroso. No se inaugura con listón ni se presume en redes. Pero es lo que evita que el elevador se convierta en cápsula del tiempo, que el pasillo huela a humedad ancestral y que el administrador tenga que explicar por qué hay hongos decorativos en el cuarto de bombas.
¿Qué es el mantenimiento preventivo?
Es revisar, limpiar, ajustar y reparar antes de que algo falle. Es como llevar el coche al taller antes de que se quede tirado… pero aplicado a techos, cisternas, bombas, cableado, pintura, elevadores y áreas comunes. Es invertir un poco hoy para no gastar el triple mañana.
¿Por qué es importante?
- Evita emergencias costosas. Una fuga detectada a tiempo cuesta menos que una inundación con daños estructurales.
- Mejora la seguridad. Un elevador revisado no se detiene entre pisos. Un sistema eléctrico mantenido no provoca apagones ni sustos.
- Preserva el valor del inmueble. Un edificio bien cuidado no solo se ve mejor, también vale más. Y sí, los compradores lo notan.
- Reduce conflictos vecinales. Menos fallas = menos quejas = menos discusiones en la junta.
¿Qué incluye un buen cronograma?
Aquí va un ejemplo básico, adaptable según el tamaño y antigüedad del edificio:
- Diario: limpieza de áreas comunes, revisión de luces, verificación de bombas y cisternas, niveles de gas y agua.
- Mensual: diagnóstico general, revisión del elevador, actualización de normas y presupuesto ejercido.
- Trimestral: inspección de techos, pintura de zonas clave, revisión estructural.
- Anual: limpieza profunda de tinacos, mantenimiento eléctrico, poda de jardines.
¿Y el toque de humor?
Porque sí, hay que reírse un poco. El mantenimiento preventivo también evita que:
- El elevador se convierta en cápsula del tiempo (“¿Este botón dice ‘1987’?”).
- El techo se vuelva fuente decorativa (“¿Eso es una gotera o una instalación artística?”).
- El jardín se transforme en selva urbana (“¿Quién plantó plátanos en el pasillo?”).
- El buzón de sugerencias se llene de reclamos tipo “¡Arreglen el universo ya!”
