🚭 Tabaco en áreas comunes: ¿fumar o no fumar, esa es la multa?

En los condominios, el drama no siempre viene del presupuesto o del portón que se atora. A veces, viene en forma de humo… literalmente. Porque desde que la Ley General para el Control del Tabaco se puso seria, fumar en áreas comunes es más que un mal hábito: es una infracción con multa incluida. Y sí, puede convertir el pasillo en zona de guerra entre fumadores nostálgicos y defensores del aire puro con pulmones de acero.

La ley es clara: está prohibido fumar en espacios cerrados de acceso público, y eso incluye áreas comunes del condominio como pasillos, escaleras, elevadores, salones de usos múltiples, y hasta el gimnasio (aunque nadie lo use, sigue contando). ¿El objetivo? Proteger la salud de todos, incluso del vecino que cree que el cigarro “abre el apetito”.

😤 ¿Qué dice el reglamento?

  • Fumar en áreas comunes está prohibido. Punto. No hay “pero si estoy solo” ni “es vapeador, no cuenta”. Sí cuenta. Y sí, también aplica para cigarros electrónicos, aunque tengan sabor a mango con unicornio.
  • Los espacios deben tener señalización visible. Nada de papelitos escritos a mano con plumón. Se necesita señal oficial, clara y colocada estratégicamente, como si fuera el logo de una campaña presidencial.
  • El comité de vigilancia puede intervenir. No con esposas ni megáfono, pero sí con llamados de atención, reportes y, en casos extremos, denuncias ante la autoridad sanitaria. Porque sí, la multa puede llegar hasta los $10,000 pesos. Y no, no incluye cenicero de cortesía.

🧘 ¿Cómo aplicar la ley sin convertir el condominio en campo de batalla?

  1. Comunicación, no confrontación. Si ves a alguien fumando en el pasillo, no lo abordes como si fuera villano de película. Explica con calma, comparte el reglamento y ofrece alternativas. Tal vez solo necesita una zona designada… o un chicle.
  2. Zonas para fumadores (si el reglamento lo permite). Algunos condominios optan por habilitar espacios abiertos, lejos de ventanas y respiraderos. No es un spa, pero evita que el humo se convierta en conflicto diplomático.
  3. Campañas internas. Un buen cartel, un boletín vecinal con humor, o incluso un TikTok educativo pueden hacer maravillas. Porque a veces, el vecino no fuma por rebeldía… sino porque no sabía que el patio cuenta como área común.
  4. Empatía mutua. El fumador no es enemigo, y el defensor del aire puro no es extremista. Ambos quieren vivir en paz, solo que uno con nicotina y otro con oxígeno. El reto es lograr que convivan sin que el elevador se convierta en zona de juicio moral.

En resumen, fumar o no fumar ya no es solo una decisión personal: es una cuestión legal, vecinal y, en muchos casos, emocional. Aplicar la ley con firmeza pero sin drama es posible. Solo se necesita señalización, diálogo… y que nadie confunda el cuarto de basura con zona libre de humo.

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