Las reuniones del Comité deberían ser estratégicas. Presupuesto, mantenimiento, reglamento interno, revisión de proveedores. Pero a los 15 minutos ya estamos hablando del vecino que no saluda, del perro que ladra y del drama del estacionamiento que lleva tres asambleas sin solución… y sin freno.
Lo que comenzó como una sesión de gobernanza se transforma en mesa de terapia grupal. Hay catarsis, hay lágrimas, hay quien trae su propio té de tila. Y el administrador, que llegó con su Excel y su minuta, ahora toma notas como si fuera terapeuta de reality show.
¿Gobernanza o catarsis? Depende del formato. Porque sí, se puede evitar que la reunión del Comité se convierta en mesa de café con quejas y galletas (aunque si ya va a pasar, que al menos las galletas sean de avena con chispas).
Aquí van tres claves para evitar que el Comité se convierta en grupo de autoayuda:
1. Agenda clara con tiempos definidos
Nada de “vamos viendo qué surge”. La reunión debe tener estructura: puntos a tratar, tiempo estimado por tema y orden lógico. Si el punto 3 es “revisión de presupuesto” y el punto 4 es “quejas sobre el vecino del 302”, que no se inviertan. Porque el presupuesto no se resuelve con indirectas ni con memes.
2. Roles asignados: moderador, secretario, responsable de seguimiento
El moderador no es el que grita más fuerte ni el que trae más papeles. Es quien guía la reunión, evita desvíos y canaliza emociones hacia acuerdos. El secretario toma nota (no selfies), y el responsable de seguimiento asegura que lo acordado no se quede en el limbo de “lo vemos en la próxima”.
3. Minutas oficiales con acuerdos trazables
Porque si no está escrito, no existe. Y si existe pero nadie lo firma, tampoco. La minuta debe incluir acuerdos, responsables, fechas y mecanismos de validación. Nada de “se acordó que alguien verá lo del portón”. ¿Quién es “alguien”? ¿Cuándo lo verá? ¿Con qué presupuesto? ¿Y por qué sigue abierto?
Las reuniones del Comité no deben ser espacios para desahogo emocional (aunque a veces lo parezcan). Son instancias de decisión, planeación y control gremial. Y si se convierten en mesa de café, que al menos sirvan galletas… y que alguien tome nota de quién las trajo, porque eso también genera conflicto.
En resumen: el condominio no necesita terapia grupal. Necesita decisiones claras, trazables y ejecutables. Porque gobernar entre quejas y anécdotas es como administrar con horóscopos: entretenido, pero poco efectivo.
Y recuerda: si el Comité se convierte en mesa de terapia, que al menos haya moderador, minuta… y galletas. Porque el drama es inevitable, pero el desorden no tiene por qué ser parte del reglamento.
